PREVENCION DE LA VIOLENCIA DE GENERO EN LA ETAPA DE NOVIAZGO



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8. Violencia física. Las agresiones físicas no aparecen en todas las relaciones de abuso. A veces porque no es necesario recurrir a ellas para lograr la sumisión; en otras ocasiones, porque no se han presenciado en la propia familia de origen; y en algunas, sencillamente porque no se conceptúan como correctas. Sin embargo, un error conceptual que se comete frecuentemente es el considerar que sin agresiones físicas no puede hablarse de malos tratos. Incluso las propias víctimas en muchas ocasiones se resisten a identificar y reconocer sus maltratos y abusos cuando éstos no se cursan con golpes y agresiones físicas directas y visibles.

Las primeras agresiones no suelen ser las de mayor envergadura, normalmente se trata de empujones, bofetadas o zarandeos. Muy pocas persona admitirían mantener una relación con alguien que les da una paliza en la primera cita, pero pueden creer que un empujón no tiene importancia. (González y Santana, 2001), sin embargo la probabilidad de que adquieran mayor envergadura es muy alta.

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7. Abusos sexuales. No es probable que en esta fase inicial aparezcan agresiones sexuales, aunque si pueden darse en algunos casos. De hecho, este tipo de abuso es frecuente en los casos de violencia de género. Recuérdese que el código penal tipifica la agresión sexual como aquella relación de carácter sexual no consentida por la víctima que se consigue por medio de violencia e intimidación, mientras que el abuso sexual se tipifica como aquella relación de carácter sexual que tiene lugar sin que exista el consentimiento expreso de la víctima que se consigue por medios de coacción distintos a la violencia. De esta forma, utilizando argumentos y actitudes como los que se ofrecen a continuación, el abusador o maltratador con frecuencia logra mantener relaciones de carácter sexual con coacciones y presiones que no incluyen forzamiento ni violencia física:

o Manifiesta poner en duda los sentimientos de ella hacia él si ella no accede mantener relaciones de tipo sexual.
o Se muestra enfadado, contrariado, distante con ella y dispuesto a generar un conflicto cuando no obtiene lo que quiere.
o La tilda y acusa de anticuada, estrecha, rara, etc.
o Profiere amenazas referidas a buscarse otras mujeres que le den aquello que ella le niega (relaciones sexuales).
El hecho de que se lleve a cabo con coacciones que no implican forzamiento físico, así como que provengan de la propia pareja, dificulta enormemente su conceptualización, circunstancia que beneficia al agresor y agrava la situación de la víctima.

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6. Chantaje emocional. El chantaje emocional y el victimismo juegan un papel absolutamente instrumental para lograr disuadir y retener a la mujer cuando ésta cuestiona la viabilidad de la relación o intenta terminarla. Se trata, por tanto, de una poderosa herramienta o argucia para erosionar los impulsos de huida de la víctima y de retenerla. Algunos de los argumentos y actitudes más frecuentes usados por el maltratador son:

o Le dice que la quiere tanto que no podría soportar que le dejara.
o Amenaza con suicidarse si se planteas dejarle.
o Se autolesiona.
o Expresa dependencia.
o Se muestra desvalido.
o Le induce sentimientos de pena hacia él, insistiendo en argumentos tales como sus dolencias, su infancia desdichada, etc. o Adopta actitudes de victimismo injustificado.
Finalmente, una vez que el maltratador considere que el riesgo de ser abandonado por su víctima ha pasado, pondrá en marcha de nuevo sus formas de dominio y control.

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5. Amenazar e intimidar. La amenaza o la intimidación suelen aparecer como modo de asegurarse la obediencia una vez que se ha iniciado la conducta dominante. La principal consecuencia que esta forma de coacción produce en la víctima es el miedo, siendo éste a su vez una de las nuevas herramientas paralizantes que mayor fuerza tiene a la hora de impedir a la víctima poner fin a la relación. Por tanto, cuando esta forma de abuso se instaura y comienza a producir sus perniciosos efectos (que pueden llegar al terror en la víctima), las posibilidades de que la víctima sea capaz de poner fin a la relación disminuyen drásticamente, lo que lleva a que se refuerce la coacción y, por tanto, se consolide. Veamos algunos indicadores:

o A veces grita con gestos o expresiones que asustan o intimidan.
o Ella no se atreve a decirle lo que siente o piensa. Cuando está enfadado se acerca y la observa (mira) de manera intimidante.
o Alguna vez le ha dicho que si le dejara “no sabría que hacer, aunque sí sería capaz de cualquier cosa”.
o Alguna vez se pone tan nervioso que se descontrola y le hace sentir miedo.
o Le advierte con que lo va a pagar, o amenaza con hacerle daño si le lleva la contraria o simplemente no hace lo que él dice.
o Golpea, rompe o daña objetos que tienen valor afectivo para ella.

Abusos sexuales. No es probable que en esta fase inicial aparezcan agresiones sexuales, aunque si pueden darse en algunos casos. De hecho, este tipo de abuso es frecuente en los casos de violencia de género. Recuérdese que el código penal tipifica la agresión sexual como aquella relación de carácter sexual no consentida por la víctima que se consigue por medio de violencia e intimidación, mientras que el abuso sexual se tipifica como aquella relación de carácter sexual que tiene lugar sin que exista el consentimiento expreso de la víctima que se consigue por medios de coacción distintos a la violencia. De esta forma, utilizando argumentos y actitudes como los que se ofrecen a continuación, el abusador o maltratador con frecuencia logra mantener relaciones de carácter sexual con coacciones y presiones que no incluyen forzamiento ni violencia física:

o Manifiesta poner en duda los sentimientos de ella hacia él si ella no accede mantener relaciones de tipo sexual.
o Se muestra enfadado, contrariado, distante con ella y dispuesto a generar un conflicto cuando no obtiene lo que quiere.
o La tilda y acusa de anticuada, estrecha, rara, etc.
o Profiere amenazas referidas a buscarse otras mujeres que le den aquello que ella le niega (relaciones sexuales).
El hecho de que se lleve a cabo con coacciones que no implican forzamiento físico, así como que provengan de la propia pareja, dificulta enormemente su conceptualización, circunstancia que beneficia al agresor y agrava la situación de la víctima.

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4. Capacidad Comportamiento dominante. Poco a poco se va instaurando una actitud dominante. Al inicio desde el paternalismo protector, pretendiendo que lo hace por que es bueno para ella. Si la víctima no acepta o no se somete, aparecerán imposiciones más directas y explícitas. Exponemos algunos indicadores que van de las actitudes más paternalistas a las más directamente dominantes:

o Intenta orientar sus actividades, costumbres, estudios o amistades aconsejándole o comentando que “él sabe lo que es mejor para ella”.
o Se muestra protector y paternal con comentarios como: “yo sé lo que es bueno para ti”, “hago lo mejor para ti”, “yo sé lo que te conviene”.
o Presiona para que cambie su manera de vestir, de maquillarse, así como sus gustos, preferencias, etc.
o Presiona para que cambie su manera de pensar, de hablar o comportarse, también sus opiniones e ideología.
o Dice lo que está bien o mal en la relación.
o Impone las reglas de la relación, esto es, sus horarios, las actividades, los lugares de dónde y con quién salir, etc.
o Siempre quiere tener la última palabra en las discusiones, sin considerar nunca sus opiniones.
o Siempre quiere mandar y tomar él las decisiones importantes.

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3. Desvalorizar. La desvalorización y la destrucción de la autoestima no suelen ponerse en marcha al inicio de la relación, pues la fase de cortejo y conquista requiere de muestras contrarias a lo que estos indicadores representan, por lo tanto suelen aparecer más adelante. Es más, hay determinados perfiles que en la fase de cortejo, muestran una actitud de condescendencia obsesiva y llamativamente exagerada (Garrido, 2001).

Sin embargo, una vez efectuada la conquista, el abusador comienza a mostrarse dominante; ahora la desvalorización se convierte en una excelente herramienta para conseguir sus fines, pues contribuye a crear en la víctima una idea de falta de valía que ayuda a justificar su actitud dominante, razón por la que cuando aparece, lo hace en general con formas veladas y sutiles, y no con los modos más descarados, agresivos e impositivos que vendrán después. Veamos algunos de los indicadores comenzando por los más sutiles:

o Nunca reconoce ni valora sus cualidades o aciertos.
o Nunca agradece la ayuda que le presta ni valora los detalles que tiene con él.
o Cuando le cuenta sus cosas, muestra poco interés y parece no interesarle.
o Nunca pide disculpas ni acepta errores, siempre ha de tener razón.
o La trata como si fuera menos competente que él, con argumentos tales como que ella es ingenua, que es demasiado buena y él ha de protegerla
o “abrirle los ojos”.
o Llega a convencerla de que sin él no saldrá adelante, que no es capaz de valerse por si misma.
o Critica o quita valor sistemáticamente a sus opiniones o a su forma de pensar.
o La compara con otras chicas o personas haciéndole sentir inferior y humillándola.
o Se refiere a ella con adjetivos o términos que degradan, humillan o ridiculizan.
o Le culpa y responsabiliza de los problemas de pareja.

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2. Conductas de control. Además del control de la relaciones sociales que se persigue a través del aislamiento, también aparecen otras formas de control más íntimo y personal en fases tempranas de la relación disfrazadas, de igual modo, de interés y cariño. Entre otras:

o Exige saber cosas que pertenecen a su intimidad, por ejemplo quién le llama al móvil o quién le envía mensajes, el contenido de los mismos, etc. Controla lo que hace y exige explicaciones por todo, utilizando con frecuencia el argumento de que no quiere que tenga secretos con él. Vigila y controla cuando no está con él, dónde ha estado, con quién ha estado, qué ha hecho, etc.
o Verifica y contrasta lo que se le dice para asegurarse de no ser engañado.
o Se muestra celoso y genera conflicto si se relaciona amistosamente con otros chicos.

Como se ofreció en anteriores apartados, vuelven a surgir las falacias o verdades universales sobre el amor romántico basadas en maneras equivocadas e irracionales de entender las relaciones como el creer que los celos, la posesión y el control son simples demostraciones de amor verdadero, creencias y autoengaños que son utilizadas (por la víctima) para justificar los actos de control que su pareja ejerce sobre ella. De hecho, en la práctica clínica, las jóvenes que han sido víctimas de malos tratos suelen declarar que estos argumentos las convencían e incluso las hacían desarrollar sentimientos de culpa al pensar que su amor, el de ellas, ni era tan incondicional ni generoso y fuerte como el de él.